Sonreir te hace influyente, ¡aplícalo ya!

¿Crees que tu expresión facial es influyente?

¿Crees que te acompaña para transmitir y conseguir lo que quieres?
Ejecutiva sonreir influyente

Uno de los cuatro pecados capitales que debes evitar en tu conversación de ventas es utilizar gestos y registros de voz que “no acompañen” a la hora de vender y ser influyente. Pero no sólo a la hora de vender, sino también para liderar, entusiasmar, ser influyente y convencer en cualquier entrevista o presentación en público. En este post nos ocupamos de la sonrisa.

¿Alguna vez te has topado con alguien que al hablar nunca sonreía? Igual en alguien que presentaba hablando en público: Tal vez todo era “correcto”: el mensaje, la exposición… Pero para tus adentros algo te inspiraba desconfianza. Esto se produce porque necesitamos “conectar” con la otra persona, necesitamos intercambiar algo que tenga componente emocional, como es el caso de la sonrisa. Si nos sonríen, tendemos a devolver la sonrisa e intuitivamente nos sentimos más proclives a afirmar si la otra persona afirma, etc. Este intercambio activa dos de los poderosos Principios de Influencia de Cialdini (Reciprocidad, ya que tendemos a corresponder; y Simpatía, ya que la sonrisa hace que nos resulte familiar y cercano quien nos habla).

¡Sonríe! Yo he conocido a personas dignas de mi mayor admiración cuya sonrisa estaba siempre disponible: hubiera adversidades o buenas noticias, siempre lograban despertar mi complicidad para ver cómo juntos podíamos resolver la situación. ¿Y sabes qué sucedía, generalmente? Que resolvíamos la situación, pero ¡con buen humor y divirtiéndonos!

¿Está tu sonrisa a tu disposición para hacerte sentir feliz y transmitirlo a los demás? Yo cada semana me hago esa pregunta, porque hay épocas en las que por el estrés o las preocupaciones noto que me cuesta más sonreír. Me cuesta físicamente, como si los músculos de la sonrisa en mi rostro se volviesen muy pesados y no hubiera facilidad para levantarlos. Noto tendencia a sacar la mandíbula y a apretar los dientes en tensión.

¿Y qué hago para entrenar mi sonrisa, especialmente cuando noto que la estoy perdiendo? Hago como Jim Carrey: ejercitarla. Voy en el coche y fuerzo la sonrisa al máximo (para diversión de quien me vea) durante periodos de unos 5 segundos. Lo alterno con aperturas del maxilar, como si fuera a bostezar, para liberar tensión. En ese momento ni me siento más feliz ni se produce ningún milagro, pero mi expresión facial de la sonrisa vuelve a estar accesible, parece desbloquearse, y cuando llego a mi siguiente cita o a casa, noto muchísima más facilidad para sonreír. Y ahí sí que me siento feliz, vendiendo y dando servicio a un cliente, o compartiendo cariño con mi mujer y mis hijas.

Si Jim Carrey puede, tú y yo también podemos… ¡Entrena tu sonrisa! 🙂

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